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Flexibilidad
en las empresas
Desde el comienzo de la vorágine de la calidad, las empresas han visto que las cosas ya no pueden seguir haciéndose como se hacia cien años atrás, por más que intenten basarse en los años de aprendizaje del pasado, muchas no pueden aplicar las soluciones del pasado. Requieren soluciones para el ahora y no para el
entonces
Cuando Henry Ford acuño su frase todos tendrán un auto del color que deseen, siempre que lo deseen negro, era el imperio del Taylorismo. Con el se logró racionalizar y aumentar la producción de las empresas. Pero fue en el siglo pasado.
En este siglo, las empresas han sido victimas de su propio desarrollo. Han generado estructuras rígidas, sin "cintura" para moverse y esquivar los duros golpes que una realidad dinámica y altamente competitiva le tira.
En la actualidad, para lograr la eficiencia de otrora se debe recurrir a otras formas de trabajo y de organización.
Hoy las empresas requieren tener flexibilidad. Pero no de la flexibilidad que permite eliminar personal a discreción del seudo empresario. Se requiere flexibilidad para poder gestionar los recursos de las empresas.
La flexibilidad debe entenderse como la capacidad de adaptación de individuos y organizaciones a situaciones nuevas y a cambios dinámicos del entorno.
Para ello las empresas deberían ser capaces de generar la flexibilidad en diferentes áreas, tales como:
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La línea de producción.
Una línea de producción debe poder ser modificada en pocas horas para producir diferentes productos. Podría ser un mismo producto base, pero con diferentes colores y diferentes diseños. Hoy una línea de montaje de autos debe ser capaz de producir diferentes autos y en diferentes colores.
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Los productos o servicios que brinda.
Si bien se puede tener un producto base, el cliente debe poder cambia o modificar algunas partes del producto. Si compra un auto, debería poder elegir el tipo de radio, vidrios polarizados, ahumados o blancos, reloj digital o análogo, etc. Si paga por catering debería poder cambiar los canapés por brochettes y eliminar las masitas secas por masitas de crema, etc.
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El horario de
trabajo.
Según en que industria y en que época del año se este, puede ocurrir que la empresa cuente con mayor o menor necesidad de aumentar o disminuir los niveles de producción. Esto evidentemente, debería verse reflejado en la cantidad de turnos que se trabajan y en la duración de cada uno de esos turnos.
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El puesto de trabajo.
Todo operario debería estar dispuesto a dejar sus labores en un puesto para pasar a desempeñarse en otro puesto de trabajo de similares características sin que exista una variación en su remuneración. Esto es imprescindible para que en una misma empresa puedan coexistir diferentes líneas de producción. Si una línea de producción no esta operativa, el personal de la misma debe ser capaz de trabajar en otra línea. Lo contrario sería un desastre económico para empleados y empleadores.
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Las retribuciones.
Si bien todo trabajador debe tener asegurada una cuota minina de ingreso, se debería agregar al sueldo una parte que sea variable en función del nivel de producción propio y de toda la empresa.
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Política fiscal y económica.
Cuando se esta en plena bonanza, está bien que el estado desee recaudar. Pero cuando se vienen los tiempos difíciles, en los cuales las empresas difícilmente se pueden mantener, el estado debería dejar de lado su voracidad. Es lamentable ver una empresa quebrar por no poder cumplir con el estado.
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La cultura empresarial.
De todas las flexibilidades mencionadas, la flexibilidad en la cultura empresarial, es la más difícil de lograr. Se puede recurrir al estado para que nos exonere un impuesto. Se puede recurrir al ingeniero industrial para que, luego de efectuar un análisis pormenorizado, diseñe una línea de producción flexible. Se puede recurrir al gremio de trabajadores para acordar las compensaciones por productividad y la flexibilidad de los horarios.
Pero a quien debemos recurrir para obtener la flexibilidad cultural.
Se suele considerar a la cultura como el conjunto de valores y creencias de una entidad. Es una suma de percepciones que los integrantes de una empresa tienen sobre el pasado de la empresa Esto termina por pautar la forma en que las cosas se deben hacer y quita toda posibilidad de flexibilidad.
Lo más interesante es que cuanto más exitosa ha sido una e3mpresa, más consolidada está la cultura y por ende menos flexible resulta ser. Esto la termina por convertir a las organizaciones exitosas de otrora en entes que poseen una rigidez cadavérica en todo su accionar.
Lograr un cambio en la cultura de una empresa es un trabajo muy arduo, pues se lucha contra barreras culturales que se afianzan en varios años de éxitos pretéritos.
Barreras que todos conocemos porque las hemos vivido en todas las empresas tales como el clásico siempre se hizo así, no debemos cambiar y otros sustentados por el acervo popular como despacio por las piedras y aquel que reza que los cambios hay que empezarlos por arriba.
También tenemos el marco legal que nos impide efectuar cualquier cosa novedosa o el ser inflexible en determinadas cosas. El temor a perder la famosa chacrita o recordar que todo tiempo pasado fue mejor, para olvidarnos del futuro.
Sacamos a relucir las glorias de nuestro pasado y nos olvidamos que en la actualidad no le ganamos a nadie
También se tiene miedo a ser incoherente si hoy pensamos diferente a lo que pensábamos hace un par de años atrás.
Todo atenta contra la flexibilidad cultural, contra el cambio en la cultura y omitimos una dura realidad, el pasado no es el presente y menos aun el futuro.
Empleamos diferentes herramientas, tales como reinventar el trabajo, la reingeniería, el
empowerment, la polivalencia laboral o la canibalización, pero solemos caer en actitudes deterministas que terminan siendo tan inmovilizadotas como la cultura que pretendimos flexibilizar.
Y de tanto aplicar diferentes herramientas, hemos aprendido que la flexibilidad como todo puede tardar, pero es seguro que va a llegar. Lo malo es cuando llega demasiado tarde.
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